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Por Zuleika Cáceres

Eran poco más de las 13:00 horas, el líder nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, ya estaba en el recinto donde se realizaría el encuentro priísta, el primero después de la derrota del pasado 5 de junio. Pero no fue en  un lugar cualquiera, no, fue en el hotel Moon Palace donde filas de camiones acaparaban la zona, el traslado de cientos de priístas, líderes y militantes, era más que evidente.

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La batucada no podía ser diferente, la CTM y la CROC  hacían retumbar el salón Arena mientras su líder nacional, sostenía un encuentro privado con “directivos de medios”, dijeron los encargados del área.

Como siempre los representantes de la comunicación quisieron abordarlo cuando uno de sus colaboradores lanzó la orden: “al final atenderá a la prensa”, cosa que no ocurrió de no ser porque unos cuantos lograron abordarlo poco antes de su salida.

Ya pasadas las 14:00 horas, Ochoa Reza hace acto de presencia y en medio de una multitud acarreada ingresa al salón donde todo parecía algarabía y festejo.

Mientras saludaba, escuchaba con atención a quienes le demandaban actuar contra los traidores, aquellos que operaron a favor de la oposición, entre gritos  y mentadas de madre se referían a una Magaly Achach o un Joaquín Hendricks.

¡Tranquilo, aquí estoy, aquí estoy¡ respondía el líder nacional del PRI a uno de tantos que le señalaba a los traidores, estaban justo a sus espaldas. “Hay mucha gente que le ha hecho daño al partido, ahí está la pinche Magaly Achach y toda la bola de traidores, aquí el partido tiene que trabajar, nosotros nos partimos la madre en el campo, tiene que decirle a los dirigentes estatales y municipales que actúen contra esos pinches traidores…”

A su paso Víctor Viveros, Enrique Alcocer, Rodolfo Romero y otros más, no perdieron oportunidad de hacer lo propio, urgieron a su líder abrir el proceso para que la propia militancia decida por sus dirigentes, hasta Oliver Fabro surgió del escondite.

A un costado, se encontraban diputados y exfuncionarios, hacían como que no escuchaban, pero era inevitable. Candy Ayuso, evidentemente molesta por los señalamientos hacia su madre o Leslie Hendricks, quien mejor permaneció sentada.

Llegó la hora del discurso y otra vez las voces resonaron: ¡fuera los traidores¡ ¡fuera los traidores¡

Con periódicos en mano, una añeja líder levantaba la imagen cuyo título “Galería de traidores”, evidenciaba a más de dos presentes, y aunque en cuestión de segundos trataron de callarla, no fue del todo posible. “Ahí está ese negro traidor…son unos pendejos” decía una y otra vez mientras el dirigente nacional continuaba su discurso.

Los rostros de las priístas Susana Hurtado, Cecilia Loría y otras tantas, eran inevitables, querían contener aquellas voces que enmarcaron el encuentro.

Pero Ochoa Reza supo dirigirse a los presentes, fue preciso en su mensaje, era justo lo que la militancia quería escuchar.

“El primer sentimiento que me llega es el de la traición… ese sentimiento cuando perdimos por primera vez la gubernatura en mi estado natal aún me acompaña, pero también la frustración ante aquellos que tenían una responsabilidad y no hicieron nada… Hoy  hago el compromiso de regresar a Q. Roo porque necesitamos abrir el espacio a todas y todos… porque necesitamos el cambio”,

Así, con un breve mensaje logró calmar los ánimos de un priísmo roto y desamparado frente a su realidad.

 

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