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Por Zuleika Cáceres

8, marzo, 2017.- Muchos son los que este 8 de marzo acostumbran felicitar y repartir halagos a diestra y siniestra a las mujeres sin conocer el origen real por el que se instituyó el Día Internacional de la Mujer.

En un breve recorrido por la historia, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora tuvo lugar el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza donde se llevaron a cabo mítines a los que asistieron más de un millón de mujeres y hombres. Además del derecho de voto y de ocupar cargos públicos, exigieron el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.
Menos de una semana después, el 25 de marzo, más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, murieron en el trágico incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York. Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron al desastre.
Entre 1913 y 1914, las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913 en el marco de los movimientos a favor de la paz que surgieron en vísperas de la primera guerra mundial.
En 1917, como reacción ante los 2 millones de soldados rusos muertos en la guerra, las mujeres rusas escogieron de nuevo el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de “pan y paz”.
Los dirigentes políticos criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos. Cuatro días después el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, o el 8 de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en otros países.
Desde entonces el Día Internacional de la Mujer se celebra el 8 de marzo.
No se trata de romanticismo, sino de un asunto político y social.
Las mujeres no se han detenido, pero falta mucho para erradicar la desigualdad, la discriminación, el acoso laboral, la violencia física y psicológica.
Tristemente,  en el sector público y privado seguimos siendo testigos de los discursos de odio, machistas y misóginos.
Por eso insisto, no se trata de repartir flores o halagos, representa mucho más. Se trata de entender el verdadero significado y también de analizar cuánto nos queda por recorrer.
De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas las mujeres son discriminadas en casi todos los países.
Una de cada tres es víctima de violencia sexual o física, y la mayoría de las violaciones nunca se reporta o el violador llega a tener un castigo mínimo, si es que lo tiene. Esto empeora para las mujeres de color, que son víctimas desproporcionales de la violencia sexual a causa de hombres blancos.
En nuestro país el tema de la violencia contra este sector sigue siendo un gran pendiente. Los programas de prevención poco o nada han funcionado; las autoridades no han podido contrarrestar los feminicidios, las desapariciones y otros delitos que claman justicia. También es cierto que se trata de un asunto de educación desde el núcleo familiar, educar con respeto a la mujer dejando atrás estereotipos y actitudes machistas nos ayudará a formar mejores hombres y a entender que las mujeres no deben ser más ni menos.
Vivir libremente en condiciones de igualdad y respeto a lo que somos es un anhelo. El empoderamiento de la mujer seguirá siendo un elemento central de los esfuerzos para hacer frente a los desafíos sociales, económicos y políticos en todo el mundo.