6, junio.-No hablemos de sus enemigos, sino de los bendecidos, aquellos que durante todo su sexenio se beneficiaron y enriquecieron.

En política, dicen que los amigos son de metiras, los enemigos son de verdad y parece que en el caso de Roberto Borge y otros políticos aplica muy bien.

Como si todo hubiera quedado en el olvido, los que se enriquecieron y disfrutaron en su momento del poder y del dinero, hoy gozan al verlo esposado y fichado, exigen justicia por el daño que hizo al estado, hablan de una soberbia que tras las rejas se preguntan ¿donde quedó?

Si, la justicia debe llegar a quien incurre en la ilegalidad, en la corrupción y en la complicidad, serán las autoridades las responsables de hacer cumplir la ley y dar continuidad a una exigencia de la sociedad.

Pero cuando esta se convierte en el regocijo de quienes consolidaron negocios y empresas bajo la bendición del entonces gobernador, también queda al descubierto la deslealtad. El caso de Borge no sería el primero ni el último y el surgimiento de los “Judas” resulta inevitable.

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