¿Hasta dónde puede llegar la indolencia de los ciudadanos?

Con la muerte del joven apuñanalado en un intento de asalto en El Crucero, zona altamente concurrida, creo que nos ha quedado claro.

Nos hemos vuelto indiferentes al dolor, al agravio y a las necesidades de otras personas. Utilizar los telefonos para grabar a quien traviesa una situación de vida o muerte, o mirarlo detenidamente mientras se desangra, habla de la clase de personas que somos.

La víctima claramente se levanta tras ser apuñalada sin recibir ayuda de nadie. Y hasta cierto punto podemos entender el miedo que nos envuelve porque asumimos que si hacemos algo ponemos en riesgo nuestra vida.

Un hecho como este no solo indigna a la sociedad, nos hace pensar en la necesidad de cambiar nuestra forma de ver las cosas. Hemos perdido valores, el sentido de humanidad. Ser sensibles ante la desgracia no nos convierte en peores personas.

Por Zuleika Cáceres