Por Zuleika Cáceres

En medio de la polémica suscitada por  un funcionario de primer nivel y un senador, cuya actuación ha sido por demás cuestionada por la sociedad y la clase política, las opiniones sobran, pero el tema va más allá de un simple altercado o un twit. Es una contradicción, una clara desobediencia a la pauta marcada por el gobernador, Carlos Joaquín.

Quien dirige el rumbo del estado ha sido claro, el llamado al diálogo y a la reconciliación en una fecha representativa, tiene una clara connotación que algunos no han querido entender. La madurez política no alcanza a todos en la misma dimensión.

No hay mucho que analizar o descifrar, el 43 aniversario de la conversión de Q. Roo a Estado, fue el marco idóneo para lanzar el mensaje que no ha logrado llegar a todos.

Ese domingo 8 de octubre hubo muchas lecturas. En la mesa principal Julián Ricalde estaba ausente, mientras que Félix González Canto ocupaba un lugar en la mesa principal.

Junto a otros ex gobernadores, como suele acostumbrarse en una fecha significativa, el senador se ubicaba justo frente al mandatario estatal, se cumplía un protocolo sin mayor transgresión, con respeto.

Esta situación fue claramente incómoda para algunos personajes que, evidentemente no comparten la visión del jefe político del estado, quien se ha mantenido firme en hacer cumplir la ley contra todos aquellos que han arrebatado el patrimonio a los quintanarroenses.

Se ha conducido con madurez y por la vía legal. ¿Por qué contravenir su política?

¿Qué necesidad de saltar estando el piso tan parejo?
¿Quién es entonces el villano y quién perjudica al gobernador?

Sus enemigos, claro está, no andan afuera.