Y la clase política sigue dando de que hablar. La semana pasada fue la alcaldesa de Cozumel, Perla Tun, quien de nueva cuenta protagonizó otra de sus escenas funestas a través de un video en el que grita a regidor que se largara luego de que el concejal intentaba hablar sobre algunas situaciones referentes a su desempeño.

No pasaron más de dos días cuando un nuevo escándalo alcanzó a las diputadas federales por Q. Roo, Arlet Mólgora y Sara Latife, quienes en plena sesión de la Cámara de Diputados aparecieron gritando a sus compañeros de Morena la clásica frase que se utiliza en el fútbol, así tal cual estuvieran en un campo lanzaron el famoso “eeeehhhh putoooooo” mientras sus homólogos dirigían unas palabras en la tribuna.

No hay como justificarlas. Ese es el nivel de políticos que nos representan. Sus acciones los exhiben frente a los ciudadanos que en algunos casos votaron, porque en otros los impusieron, como Sara Latife que es plurinominal.

Puede ser cuestionable el nivel de política que hoy presenciamos, pero más cuestionable es que los ciudadanos tengamos que tragarnos su ineficiecia que es remunerada con sueldos exhorbitantes y un sinfin de privilegios.

La clase política sigue generando rechazo, malestar y encono, se lo ha ganado a pulso a lo largo de muchos años y las condiciones no parecen cambiar.

México requiere de acuerdos y decisiones que beneficien a los ciudadanos, no protagonismos ni zafarranchos que solo contribuyen a denigrar más la política. El hartazgo es real.

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