Por Zuleika Cáceres

En los últimos años Q. Roo ha sido víctima de la violencia y la inseguridad. Cancún, la joya del estado más próspero y de mayor crecimiento ha resentido, en mucho, la disputa del narcotráfico que a unos días de cerrar el año la cifra supera los 220 ejecutados.

Pareciera una tierra sin ley y debo decir que nunca imagine ver un panorama similar al de las películas que abordan con saña y crueldad la operatividad de estas organizaciones criminales que, como bien dice el dicho, la realidad supera la ficción, ¡vaya que si!

Los ciudadanos hemos sido testigos de sucesos que, pensábamos, solo se daban en el norte del país, lamentablemente la violencia nos ha alcanzado. Lo mismo da una balacera a un restaurante o comercio, o aparecen descuartizados y degollados en cualquier parte de la ciudad.

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), reveló que los habitantes de Cancún mantienen una percepción de inseguridad.

En junio, en la última encuesta, la percepción fue de 79.3 por ciento, por arriba de la media nacional, muy por arriba de otros destinos turísticos que tienen como principal atractivo las playas como Los Cabos, de Baja California Sur, que tiene un índice de 54.2 por ciento; Puerto Vallarta, Jalisco, 29.5 por ciento, y Mazatlán, Sinaloa, 65.6 por ciento.

Aunque hemos visto acciones y refuerzos de parte de la autoridad estatal, el temor prevalece. Es cierto que todos anhelamos el Cancún de antes, pero nos conformamos con una ciudad segura.

Es el anhelo de muchos, aunque privilegio de pocos, de aquellos que rodeados de guaruras andan por las calles sin el temor de un ciudadano común y corriente que se enfrenta día a día a un asalto o a una persecución. La seguridad debe ser para todos.