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NUEVA YORK — Los dieciocho miembros del jurado que participan en el juicio contra Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera han sido testigos en los últimos meses de una cantidad abrumadora de evidencia. El Chapo tiene cargos de conspiración para traficar drogas y es acusado de liderar un narcoimperio cuyos secretos más íntimos han salido a la luz en el juicio.

Pero esta semana hubo un vistazo fascinante e inesperado a algo aún más revelador: decenas de mensajes de texto que Guzmán envió a su esposa… y a su amante.

Los mensajes privados —que obtuvo el FBI con la ayuda de un ciberexperto que trabajaba para Guzmán— presentaron un panorama sorprendente del capo como un mujeriego y también como un hombre que mezclaba el placer con los negocios: las conversaciones muestran que dependía de las mujeres para que realizar algunas de las operaciones diarias del Cártel de Sinaloa.

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En una cadena de mensajes, el Chapo y Emma Coronel Aispuro, su esposa, primero hablan con ternura de sus hijas gemelas y un segundo después cambian de tema para discutir si los lugartenientes del cártel habían sido acribillados durante una balacera.

El jurado pudo ver una página tras otra de estos mensajes íntimos —en uno el Chapo le dice a Coronel que se enamoró de ella después de probar sus enchiladas— durante el proceso en la Corte Federal de Distrito en Brooklyn. Mientras los mensajes eran leídos, Coronel estaba sentada en la sala, estoica y callada, con unos lentes oscuros de diseñador.

Coronel, quien asiste con frecuencia al juicio, no mostró emoción alguna cuando un agente del FBI leyó en voz alta un mensaje de 2012 en el que Guzmán le contó que había escapado de una redada policiaca en una de sus casas de seguridad escabulléndose por la parte de atrás. (“Oh, querido, eso es horrible”, le respondió ella en ese entonces). Tampoco hubo respuesta cuando el agente leyó un mensaje posterior en el que Guzmán le pidió que le enviara “tinta negra para el bigote” y también que le consiguiera ropa interior, champú y loción para después del afeitado para remplazar los que se quedaron en esa casa.

Lo más sorprendente de los mensajes quizá es la manera en que los obtuvo el FBI. Stephen Marston, agente del FBI, les contó el martes a los miembros del jurado una historia dramática de cómo las autoridades estadounidenses llevaron a cabo un operativo clandestino en 2010 para reclutar al ciberexperto contratado por Guzmán, Christian Rodríguez, con el fin de que se convirtiera en informante, trabajara de manera encubierta y lo espiara. Rodríguez había creado una red cifrada de comunicación para Guzmán y sus aliados y ayudó a que el FBI tuviera acceso a ella.(NYtimes.com)