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Por Zuleika Cáceres

Todos mostramos nuestra furia, enojo e indignación cuando la noticia sobre las 27 personas privadas de su libertad comenzó a circular. Las redes sociales se inundaron de odio e insultos contra todo tipo de autoridad, la misma que ayer nos informaba sobre el  rescate de aquellos trabajadores de un call center que fueron secuestrados el pasado martes por la tarde.

Y todos nos alegramos, nos regocijamos de que estuvieran sanos y salvos, de que este hecho no terminara en una tragedia.

En otro momento no se si hubiéramos tenido un final como el que estamos contando, una reacción inmediata que permitió la liberación y regreso de estas personas.

No se si en otro momento la justicia hubiera sido tan eficaz.

En medio de este desafortunado acontecimiento hay detenidos, hay responsables y hoy están en manos de la autoridad.

Las acciones no siempre serán suficientes para contrarrestar la grave delincuencia que nos aqueja y las condiciones que nos dejaron desde hace mucho.

Formo parte de esa sociedad molesta, iracunda de ver como los malosos hacen de las suyas, pero también reconozco cuando la justicia se aplica.

Tras el rescate, no faltaron los comentarios estúpidos y absurdos que me invitan a pensar que provienen de la misma delincuencia.  Decir a la autoridad que “salió bonita su telenovela” me parece algo hasta siniestro.

En ocasiones no solo me indigno, también reconozco cuando las instituciones funcionan, cuando la justicia va cambiando y las estrategias se aplican.

Relatamos un rescate, no una tragedia. En Q. Roo no nos faltan 27.