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Por Zuleika Cáceres

Una de las obras de mayor fracaso que ha tenido Cancún es la remodelación del centro, cuyo proyecto no dejó más que pena y tristeza. Las que alguna vez fueron las calles más transitadas por el turismo y la gente local, hoy se enmarcan de locales abandonados y grafiteados.

Con el inicio de la ciudad, la avenida Tulum concentraba a grandes marcas de ropa, zapatos y restaurantes, pero poco a poco con el desarrollo y la llegada de las plazas comerciales y el “Todo Incluido” se fueron diluyendo. Los turistas ya no llegaban y desde entonces comenzó la debacle.

Locatarios fueron abandonaran sus establecimientos mientras que los pocos que quedaban, urgían al gobierno una reactivación del lugar, pero el proyecto no fue el indicado.

Es considerado uno de los fracasos más costosos para la ciudad de Cancún. A cinco años de la obras de remodelación del centro de la ciudad, el reflejo no da más que pena y tristeza.

Sin espacios de estacionamiento y sin ningún atractivo para el que transita por el lugar, el centro no logra resurgir y nadie hace nada. Autoridades van y vienen y la avenida principal ubicada frente al palacio municipal, se mantiene así, en el abandono.

Las obras de “rescate” de hace cinco años consistieron en la reducción de ocho a seis carriles y la ampliación del cruce peatonal frente al Ayuntamiento, donde despacha la autoridad.

Para el proyecto del tramo central de la avenida Tulum, se ejercieron  recursos del Fondo Metropolitano para recuperar más de 30 mil metros cuadrados de andadores, guarniciones y banquetas y en una primera etapa se invirtieron 50 millones de pesos.

Se eliminaron las vialidades laterales para ampliar la zona peatonal de 300 a 600 mil metros cuadrados con área jardinada y de recreación.

En ese entonces se dijo que se pretendía fomentar la preferencia peatonal y el reordenamiento de transporte público, pero ni uno ni otro se logró.

En lo que se refiere al transporte público los cancunenses seguimos padeciendo la misma dolencia, el desorden persiste y no hay quien ponga un alto al deficiente y deplorable transporte urbano.

Las extorsiones van de la mano. Cientos de negocios cierran sus puertas a consecuencia de la delincuencia, el famoso cobro por derecho de piso persiste.

Para este fallido plan fueron retirados árboles como Caoba y Cedro. La reforestación nunca fue la misma.

En 2020 Cancún cumplirá 50 años y no hay en puerta una obra emblemática que haga resurgir el centro de este destino turístico. Más allá de la playas, el sol y la arena, a la ciudad le hace falta un proyecto que le de identidad, algo que perdure y se convierta en un icono como en otras ciudades y sea parte del orgullo cancunense.

¿Quién no quisiera caminar por la avenida principal de una ciudad que refleje dinamismo, tomar un café, disfrutar de sus restaurantes, comercios, plazas emblemáticas y llenas historia? Creo que cualquiera.

Y podríamos tenerlo, pero se necesita voluntad, imaginación y sobretodo, que las grandes cantidades que el destino genera en recursos e impuestos, se apliquen en obras y no en beneficio de quienes permanecen tres años al frente de un gobierno.

El mejor legado son las obras que dejarán a su paso porque, de corrupción, ha sido suficiente.